Libertad de expresión, Internet y movimientos

 

Internet party

La semana pasada fuimos testigos de un movimiento en redes sociales generado por la propuesta del Presidente la República para regular Internet como parte de la Reforma en Telecomunicaciones. Los argumentos de quienes protestaron a través de etiquetas, o hashtags, como #Nomáspoderalpoder, #EPNvsInternet, #LeyPeñaTelevisa y #ContraElSilencioMX, fueron ampliamente difundidos a través de plataformas basadas en la red y demostraron que este tipo de temas están lejos del dominio gubernamental.


No me detendré en los detalles sobre si realmente la propuesta enviada por el ejecutivo federal implica una cuestión de censura[ No obstante lo anterior, recomiendo al lector repasar el texto de los artículos 145, 190 y 197 de la propuesta de reglamentación secundaria a la Reforma de Telecomunicaciones, la cual posiblemente no se mantenga en las negociaciones que se están realizando en el Senado, pero queda como antecedente de intención.], o si la misma resulta deficiente por sí misma, sino en lo que es ya una constante en nuestro país: el surgimiento de movimientos en redes sociales, como prueba de que estos medios se están poniendo a la par de los tradicionales, como vendrían siendo la prensa escrita y la televisión.

Si bien las redes sociales —como mucho se ha insistido— no reemplazan el papel que tienen los medios de comunicación más antiguos tienen en nuestro país, contribuyen a ampliar el debate, a servir de caja de resonancia —aunque en ocasiones se da el caso contrario: los medios lo son de las redes—, y a darle una plataforma de difusión a ciudadanos quienes hace menos de dos décadas no tenían forma de hacerse oír.

Es precisamente en este último punto en el que radica la riqueza de las nuevas plataformas para cualquier persona. Si pensamos en que, como parte de la historia de la humanidad, la presencia de la radio data de principios del siglo XX y la televisión –en forma masiva– desde 1950, las redes sociales comienzan sus primeros pasos hasta 1995, cuando Randy Conrads crea el portal classmates.com con la finalidad de mantener contacto con sus antiguos compañeros de escuela. Pero no es sólo la edad de cada medio lo que importa, mientras que la posibilidad de difundir un mensaje a través de la radio y la televisión era prácticamente imposible –en virtud del costo y del régimen de propiedad de estos medios–, Internet creó las condiciones para que cualquier individuo pudiera difundir sus ideas a un gran número de personas.

Si se ve en perspectiva, el tema no es menor, pues de un esquema en que los medios representaban una escasa oportunidad de expresión para las personas, pasamos a uno en el que basta oprimir un botón para estar en contacto con cientos, miles o millones de individuos.

Esto representa un reto para todos: para el ciudadano, por tener algo que decir; para organizaciones sociales, para atraer simpatizantes a sus causas; y para los gobiernos, pues no sólo es un espacio para difusión, sino también en la rendición de cuentas, con todo lo que esto implica.

La radio y la televisión llegan a más del 95% de los mexicanos, Internet alcanza una cifra de 59.2 millones de usuarios, lo que representa el 52% de la población, según datos de World Internet Project; las proyecciones nos hablan que la cancha se emparejará hacia el año 2020.

La idea de que el mexicano pensaba como la televisión dictaba, está siendo sustituida por esta otra en la cual comienza a pensar por sí mismo, y que lo único que necesitaba era una tribuna para reforzar lo que otros opinan, inconformarse u organizarse en un movimiento. La libertad de expresión, que no es una concesión del gobierno, ha sido descubierta por muchos y va a ser difícil que regresemos a épocas pasadas.

La mera mención de un intento de censura a una red que, por sus características, no es posible regular desde un gobierno, hace pensar que la iniciativa que Peña Nieto envió a la Cámara de Senadores, bien podría ser una moneda de cambio —y cortina de humo— para sacar adelante otros temas de la Reforma en Telecomunicaciones, que pudieran granjearle favores, más adelante, con los concesionarios, sin importar si son preponderantes o no.

La escena de un candidato presidencial presuntamente escondido en el baño por una protesta estudiantil cuando visitó una universidad, y luego perseguido por un movimiento potenciado por las redes sociales, nos habla de un cambio profundo en México que ya es irreversible.

 

Migajas

Como comentamos en una entrega anterior, las denuncias en la elección interna del PAN aumentan. El senador por Jalisco, José María Martínez y Martínez, anunció que retiró su apoyo a Gustavo Madero en protesta por el uso de recursos del Comité Directivo Estatal (CDE) en lo que calificó como una “elección de Estado”. Previamente, se había acusado a Ernesto Cordero de contratar a una priísta para que administrara su campaña. Si a esto sumamos el tema de los casinos de los Rojas Cardona clausurados, tendremos un escenario al rojo vivo.

La práctica de denunciar, por un lado, y declararse puntero en la competencia, por el otro, se mantendrá incluso después del debate del pasado 29 de abril, el cual inexplicablemente se transmitió exclusivamente por Internet, en la previsión de que las denuncias, y no las propuestas, serían las que protagonicen el encuentro. De esto comentaremos en la próxima colaboración.

 

(Publicado en la revista Indicador Político el 5 de mayo de 2014)

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