Partidos y tecnología, la tortuga y el correcaminos

Siendo uno de los temas de más impacto para nuestra sociedad, lo tecnológico se mueve a una velocidad más lenta en los institutos políticos en sus dos vertientes: tanto por las iniciativas de ley en el ámbito legislativo, como en su aplicación práctica en su quehacer cotidiano. Veamos.

 

Una de las críticas que más se mencionan acerca de la legislación por el impacto de la tecnología, es lo atrasado para regular hechos que ya son parte de nuestra vida diaria, por no mencionar los aspectos que van ligados. Un ejemplo claro es el que tiene que ver con las redes sociales y la libertad de expresión, como lo muestra la polémica por la propuesta que envió el Presidente de la República para conformar la legislación secundaria de la reforma en telecomunicaciones. Para muchas organizaciones y periodistas, el apartado que señala que “el acceso, uso y derecho al libre uso de Internet estarán bajo permiso y vigilancia del Estado” –que los podrá retirar en cualquier momento–, representa un intento claro de posible censura.

Otra muestra clara del interés, a nivel propositivo, de los partidos por el tema, lo tenemos expresado en sus plataformas electorales –esos instrumentos que en teoría debería contribuir a persuadir al votante y no ser los secretos mejor guardados.

Una revisión de las propuestas plasmadas en dichos documentos, nos da una idea de lo que se puso a consideración de los ciudadanos en la última elección federal en 2012 y que abarcó entre una y tres páginas:

21abr14
Cuadro comparativo

Como el lector podrá apreciar, todos los partidos propusieron elevar la inversión en ciencia y tecnología –lo cual aún no se concreta–, así como que el acceso a Internet se incremente en el país, algo un poco más tangible para nosotros, aunque sin aclarar los cómo o detallar las acciones para alcanzar la meta. De contar con una legislación que se adelante a los efectos que provoca el impacto de la tecnología, particularmente en lo negativo, habrá pues que esperar.

La pobreza en las propuestas se explica por la ausencia de especialistas en los propios partidos –instituciones en los que la rotación de personal es muy alta–, y a que los puestos de asesores no siempre recaen en gente con conocimientos, sino en aquellos que forman parte del grupo o equipo dirigente. Esto nos lleva a revisar el uso que hacen de los instrumentos tecnológicos en sus actividades diarias. Más allá de su presencia en redes sociales o en la posibilidad de enviar correos electrónicos masivos a sus militantes, son escasos los ejemplos de alguna herramienta que implique una especialización. Algunos cuentan con sistemas de información que ayudan en la toma de decisiones, pero asociados a equipos de trabajo que se integran a partir de ciertos liderazgos, así que cuando termina su periodo, también lo hace el sistema y el equipo que lo operó.

En contadas ocasiones han hecho uso de ciertos recursos, como la posibilidad de hacer denuncias por mensajes de texto enviados vía teléfono celular, o portales en los que se realiza una consulta sobre un tema en particular. Escasos ejemplos sin duda.

La moraleja parece ser que si esperamos mejores propuestas o partidos que aprovechen mejor la tecnología, tenemos que esperar a que estos reduzcan la rotación de personal y la división interna expresada en grupos o tribus, como quiera usted denominarlos, un panorama poco esperanzador para el tema.

 

(Publicado en la revista Indicador Político el 28 de abril de 2014)
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