¿Qué pasa en el PAN?

70anos

Cuando tenga este material en sus manos, estimado lector, quedará una semana de la campaña interna en el Partido Acción Nacional para elegir a su Presidente nacional. Si usted se pregunta qué importancia tiene esto o, mejor aún, ya ha alzado sus cejas en señal de total desconocimiento del tema, no se preocupe, forma parte de ese grupo de ciudadanos que mira al PAN con más dudas que certezas.


 

Fundado en septiembre de 1939, Acción Nacional ocupa ahora un lugar secundario en los espacios informativos, a pesar de haber tenido por doce años la Presidencia de la República. Cuando tiene más presencia se debe a escándalos, peleas internas o a las denuncias que algunos de sus integrantes, con responsabilidades políticas, reciben.

La vida pública del PAN no ha sido fácil desde su fundación. Penurias económicas; ataques desde el aparato del poder que fabricaron distintas imágenes negativas alrededor suyo; fraudes que le arrebataron la victoria en innumerables ocasiones y, todo esto, no obstante, generó una militancia orgullosa de su pertenencia a la institución. Se trató de una etapa romántica en la que la mística y la constancia suplían la falta de victorias. Por eso se repetía la frase “brega de eternidad”, para sintetizar el alcance de sus trabajos, que se realizaban con recursos que provenían de los propios bolsillos de los panistas.

Pero llegó el triunfo en las urnas, algo para lo que no se estaba preparado en el Partido. Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos y los militantes bromeaban acerca de que su gabinete era uno tan plural, que hasta panistas había. Luego el sexenio de Calderón demostró que la lealtad y pertenencia a un grupo era lo que se buscaba para formar parte del gobierno, no la capacidad.

En este lapso, comenzaron a surgir denuncias sobre la labor pública de gobernantes emanados del PAN que contradecían la honestidad, eso que los hacía diferentes a los priístas, que presumían los “místicos del voto” –como se les llamaba a los panistas en las décadas de los 50 y 60, por su cercanía con la doctrina social de la Iglesia y su constancia en las urnas–. También, a partir del 2000, esos militantes que vivieron las épocas de vacas flacas, de enfrentar fraudes y bregar hacia una eternidad incierta, fueron desplazados por los ganadores en las urnas.

Así, las decisiones y los espacios de poder al interior del Partido quedaron reservados para quienes ostentaban un cargo, pues ellos no sólo tenían el puesto, también los recursos presupuestales y al grupo que apoyaría el proyecto. El PAN comenzó a practicar lo que en otras ocasiones se criticaba. El militante que creía en aquello que los fundadores sembraron, fue desplazado por los nuevos amos. Fue el punto de inicio de la llamada “onda grupera”.

Luego vino la purga que dejó a Acción Nacional con poco menos de dos millones de militantes registrados –en dos categorías– en un país de más de 120 millones de habitantes y el tercer lugar en la elección presidencial de 2012. Tras lo anterior, en una extraña Asamblea Nacional, cambian las reglas de elección del Presidente del Partido y el eje del poder interno pasa del Consejo Nacional, órgano encargado de tal elección, a la militancia de la primera categoría: unos 120 mil ciudadanos.

Las nuevas reglas sólo permiten que los candidatos hagan campaña recorriendo todo el país, con 11 millones 250 mil pesos y dos meses para llegar al 18 de mayo, día de la elección. También se programó un solo debate, nada más que en lugar de aprovechar los medios masivos y ofrecer una cara democrática en la que los militantes eligen a su dirigente nacional, se decidió hacerlo vía Internet –con muchos fallos en la transmisión–, en un contexto en el que los dos aspirantes, más que lanzar propuestas, ocuparon una gran parte de sus esfuerzos en criticar al adversario –como se mencionó en la anterior entrega.

El intercambio, por llamar de alguna forma al debate, nos ofreció la imagen de ambos candidatos señalando las razones por las que no debe ganar el contrario; columnistas y articulistas en prensa escrita no dejaron muy bien parado al Partido después del encuentro.

Tal parece que, como ha sido costumbre desde hace décadas, lo que menos importa es la imagen de la institución, pues incluso recientemente se han visto “tacos de cordero”, hasta tuits en los que se asegura que la frase de moda es “sufragio efectivo no reelección”. La difusión de encuestas en las que quien las anuncia va arriba, también contribuye a la lamentable imagen que se da del PAN ante los ciudadanos, pues parece que todo se reduce a una lucha por el poder… o por poder controlar el tema de las candidaturas en 2015.

Un militante, conocedor profundo de la historia del PAN, comentó recientemente que la actual elección es entre dos venenos, no para elegir al mal menor, pues el próximo domingo podríamos ser testigos de que se descendió un escalón más abajo y por eso una buena parte del padrón panista no asistió a las urnas. Pero eso sí, las denuncias ocuparán los espacios de lo que debería ser la imagen positiva de Acción Nacional luego de un ejercicio democrático… o de intentarlo.

(Publicado en la revista Indicador Político el 12 de mayo de 2014)

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