Relación Partido – Gobierno

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Una asignatura pendiente para el PAN: Fueron 12 años en los que Acción Nacional, tras ganar las elecciones federales en 2006 y en 2012, encabezó, a través de uno de sus militantes, la Presidencia de la República. El saldo a todas luces, es negativo para la institución que aún se ve envuelta en disputas internas, transformados sus ideales por su paso por el poder. La relación partido-gobierno, fue una incógnita que no se supo resolver a lo largo de todo este tiempo.


 

Partido-Gobierno

La victoria en las urnas el 2 de julio del 2000 representó para el PAN una verdadera sorpresa. Atrás quedaban 61 años de una labor política que los propios fundadores vieron como una brega de eternidad. La reticencia del PRI para dejar el poder mediante toda clase de recursos —lícitos o no—, hizo que los primeros panistas pensaran en el muy largo plazo al momento de discutir acerca de su arribo al gobierno.

Como se sabía bien la dimensión de la empresa, el Partido vivió sus primeros años con discusiones acerca de si participaba o no en las elecciones, conociendo que el “sistema” y su partido no aceptarían una derrota en las urnas fácilmente. Había que sentar las bases y por eso se fijó como objetivo servir de escuela de ciudadanía para preparar a los mexicanos a una transición democrática.

Esa tenacidad de las primeras décadas de vida panista, los hizo merecedores a motes como los “místicos del voto”, además de sufrir fraudes, persecuciones y amenazas de todo tipo. Luis H. Álvarez, candidato presidencial en 1958, vivió en carne propia lo que representaba enfrentar al “sistema”, incluso con una visita a la cárcel. Más adelante, expresaría la necesidad de ganar el gobierno sin perder al partido, idea que retomaría otro candidato presidencial que sí logró el triunfo en las urnas: Felipe Calderón.

Al leer los párrafos anteriores, uno pensaría que el PAN estaba listo para enfrentar el reto de encabezar un gobierno federal, pero la realidad es que en el primer sexenio en que tuvieron la oportunidad, un comentario recurrente —a manera de broma— indicaba que se trataba de un gabinete tan plural que “hasta panistas había”. En el segundo, fue la pertenencia a un grupo y la lealtad hacia quien lo encabezaba, lo que determinó a los integrantes de ese gobierno.

En 2012, como todos sabemos, al PAN cayó al tercer lugar en las elecciones e hizo más evidente la división interna —conocida entre los militantes como la “onda grupera”.

 

Vinculación democrática

Fue durante la presidencia de Luis Felipe Bravo Mena al frente del PAN, en que se comenzó a reflexionar acerca de cómo debería ser la relación Partido-Gobierno. En un documento elaborado por la Fundación Rafael Preciado Hernández, se apuntó claramente, “el gobierno es una institución pública, representativa de toda la ciudadanía, que ejerce poder político y realiza una misión de servicio público. El partido, en cambio, es una institución organizada alrededor de principios ideológicos y políticos, que por medios legales busca el poder público para hacer realidad su programa político. El gobierno y el partido tienen su propia naturaleza y sus respectivos fines. El gobierno no puede actuar como partido ni el partido puede ejercer funciones de gobierno”.

Se trató del primer intento para dar un cauce distinto al ejercido por el PRI y los gobiernos emanados de él. En el discurso, Bravo Mena señaló repetidamente que se trataba de una “vinculación democrática”, lejos de la “sana distancia” que mencionó Ernesto Zedillo o de expresiones como el “Presidencialismo Imperial”, que varios académicos manejaron, o la “dictadura perfecta” de Mario Vargas Llosa.

No obstante, en la práctica de las dos administraciones panistas fueron diversos los hechos que contradecían la intención de romper con el modelo que venía del priísmo. El segundo sexenio cerró la reflexión, un presidente panista se vio obligado a anticipar su salida y los dos siguientes llegaron del círculo íntimo del ejecutivo federal.

Las ideas quedaron para ocupar un espacio en el papel. “El análisis, aprobación y reglamentación de las relaciones entre el partido y el gobierno debe ser objeto de una amplia y profunda discusión de los miembros, dirigentes y funcionarios, de tal manera que se conjuguen los sólidos principios políticos y orgánicos del partido y las ricas experiencias de gobierno. Esta discusión debe desembocar en un reglamento que establezca los principios y mecanismos que regirán las relaciones institucionales entre Acción Nacional y los gobiernos emanados de nuestro partido”, fue una de las recomendaciones del documento que señalábamos.

Lo curioso del tema, luego de 12 años de encabezar administraciones federales, es ahora cuando mejor relación tiene el PAN con el Gobierno de la República —el Pacto por México es prueba de ello—, manteniendo una distancia con la que se siente cómodo y sin dejar la oposición, al parecer su espacio natural. Ahora, gobernantes estatales que llegaron por las urnas, pueden convertirse en los verdaderos amos del Partido y para que esto cambie, quizá pase una eternidad. El debate es si se ganó el gobierno y se perdió el Partido o perdiendo el gobierno ¿dónde quedó el Partido?

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