Redes Sociales y Partidos: Entre el candidato y el líder

 

Revista Diálogo Político

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Internet lo cambió todo. La afirmación abarca prácticamente la totalidad de las actividades humanas, a grado tal que ahora se plantea como un nuevo derecho humano. Pero no debemos perder de vista que ha sido tal la velocidad de su impacto, que no hemos asimilado algunos de los efectos que la red de redes ha generado. Para los partidos políticos ha significado la oportunidad –igual para muchos ciudadanos– de contar con nuevos canales de difusión, pero a la par ha provocado que sus propios liderazgos rebasen a la estructura formal y cuenten con plataformas, en ocasiones, más exitosas que las institucionales.


 

México ha sido testigo de este tipo de liderazgos. En tanto que los partidos tradicionales han tenido que adaptarse a las nuevas exigencias de una comunicación en la que emergen nuevos actores, traduciendo sus programas, propuestas e ideologías a los nuevos tiempos; los liderazgos individuales se mueven como peces en el agua en redes sociales acumulando más seguidores cada día.

 

Quizá quien ejemplifica bien el tema es Andrés Manuel López Obrador, quien al separarse del Partido de la Revolución Democrática (PRD) –del que fue presidente y candidato presidencial–, llevó su capital político al naciente Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), instituto que compite por los votantes de su anterior partido y que ya cuenta con legisladores que simplemente esperan a que la autoridad electoral termine el trámite para que Morena tome parte de los procesos electorales del 2013, para cambiar de bando.

 

Partidos e Internet

La experiencia de los partidos políticos mexicanos con el uso de Internet y las redes sociales tiene pocos años en México. La elección presidencial del 2006 empezó a utilizarlas de manera incipiente y es hasta 2012 en que empezaron a jugar un papel importante.

Los candidatos a puestos de elección popular han comenzado a difundir sus mensajes a través de ellas; en paralelo, tenemos una masificación, que va en aumento, de dispositivos que posibilitan el acceso a Internet y el uso de redes sociales en, prácticamente, todo el mundo. De este modo, tanto la difusión como el interés por la política comienzan a tener una perspectiva distinta, significando una mayor participación e incluso posturas más críticas sobre temas de coyuntura que atañen a la administración pública, entre otros temas.

Para entender la magnitud del fenómeno, hay que recordar que “existen distintas teorías para explicar cómo votan los individuos –Columbia, Michigan y elección racional- [sin embargo] todas ellas tienen como componente en la decisión del voto la información que obtienen los individuos de su entorno (aunque para cada una de ellas el entorno influye de forma distinta en el individuo)” [1Documento de Trabajo FRPH 368. Dichos documentos se pueden consultar aquí.

Lo anterior abrió un nuevo campo de acción para los estrategas de las campañas.

La primera red social que pudo aspirar a ser llamada como tal, Classmates.com, surgió en 1995 cuando Randy Conrads creó un portal para que la gente pueda recuperar o mantener el contacto con antiguos compañeros de escuela.

El despegue de esta forma de comunicación se dio en 1997, con el lanzamiento de SixDegrees.com –sitio que permitía a los usuarios crear perfiles, listas de amigos y contactar a los amigos de sus amigos–, que se convirtió en la primera red social bajo el concepto que actualmente conocemos. En 2003 surgen LinkedIn, Hi5 y MySpace, en 2004 Facebook, en 2005 Twitter y YouTube.

Desde la década de los 50, diversos investigadores se han formulado la pregunta: ¿qué tanta influencia tienen en los electores los mensajes que reciben a través de los medios masivos de comunicación? Los primeros análisis –recordemos que la masificación de los medios de comunicación se dio a partir del surgimiento de la radio y la televisión, lo que generó nuevos enfoques para el estudio de los efectos en la población; por lo tanto, la aparición de las redes sociales y de Internet apuntaría a una nueva etapa de estudios–, señalaban la forma en que era recibida la información y el resultado de tal recepción.

 

De acuerdo a Lazarfeld, Berelson y McPhee, “con los atractivos dispositivos de las comunicaciones de masas y su extenso empleo como hábito, uso o pasatiempo, la gente se ve expuesta a una información miscelánea acerca de una gama mucho mayor de cosas que no son aquellas en las que está genuinamente interesada. Pero al propio tiempo, sólo siguen, en realidad, los escasos temas que genuinamente les preocupan. En cada tema individual, son muchos los que ‘oyen’, pero pocos los que ‘escuchan’” (Moragas, 1985).

 

Con las redes sociales, es posible afirmar que “la atención de un ciudadano dado respecto a los materiales políticos de los mass-media debe proceder, en buena medida, de la cantidad de estímulos que sobre él ejerce el entorno social, especialmente por sus expectaciones exteriorizadas acerca de cómo debería comportarse al respecto, y fomentada por los grupos entre los que vive” (Moragas, 1985).

 

El caso mexicano

De acuerdo con distintos estudios, podemos afirmar que las redes sociales contribuyen en la decisión del votante, considerando que son un medio más para recibir información, en la medida que el elector los considera como parte de su círculo íntimo, mismo que apuntala la idea inicial sobre qué decisión tomar. “La gente, después de todo, para poder actuar políticamente debe formarse alguna imagen creíble respecto a las cuestiones políticas” (Lang, 1985).
Pero el caso mexicano tiene algunas particularidades que deben ser tomadas en cuenta, primero por el crecimiento en cuanto al uso de este tipo de tecnologías y, segundo, por la confianza que despiertan en el electorado. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2012 que levantó la Secretaría de Gobernación, los partidos políticos no gozan de la confianza ciudadana –sólo se encuentran por arriba de la policía. Adicionalmente es de resaltar que medios tradicionales como radio o televisión cuentan con más confianza que las propias redes sociales.

Grafica 1
Crecimiento en audiencia de Internet

En contraste, los candidatos mantienen números interesantes. Si se revisa el portal conectan.net, nos podemos dar una idea de la cantidad de seguidores e influencia que tienen los políticos mexicanos. Se mantiene el expresidente Felipe Calderón Hinojosa como el político mexicano con más seguidores y el tercer lugar en la tabla de influencia que elabora la firma[2 Dicha información se puede consultar en http://conectan.net/app.php?pais=mx&cat=pn&fecha=2-2013&sec=ranking ], junto a dos políticos que llegaron al cargo después de las elecciones de julio de 2012: Enrique Peña Nieto, actual Presidente de la República, y Miguel Ángel Mancera Espinosa, Jefe de Gobierno del Distrito Federal –la segunda posición en importancia en el ámbito político mexicano–, y en una posición destacada el ex candidato presidencial de los partidos de izquierda mexicanos –Partido de la Revolución Democrática (PRD), Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC)– Andrés Manuel López Obrador.

 

Durante la campaña presidencial 2012, para ejemplificar la forma en que los candidatos presidenciales mexicanos se comportaron en las redes sociales, se considera que cerca de 40% de la población que tiene acceso a Internet y es usuaria de redes sociales participó con sus comentarios en la campaña, a la par del trabajo realizado en dicho campo por los equipos de comunicación de los partidos y candidatos, lo cual no fue determinante en el resultado final, como veremos más adelante.

 

Los medios de comunicación masiva –tal y como lo señalan las investigaciones respectivas– tienen influencia en la decisión del votante, las redes sociales empiezan a jugar un papel cada vez más importante en la medida en que crezca el número de habitantes que tiene acceso a Internet, ya sea en sus hogares o en dispositivos móviles.

 

El índice de influencia en las redes sociales de Edelman[3 Índice de influencia en Redes Sociales de Edelman: http://tweetlevel.edelman.com/Home.aspx ] –el cual tomamos para efectos de comparación en este artículo–, nos muestra la popularidad, el compromiso y veracidad de los candidatos a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota (PAN), Enrique Peña Nieto (PRI) y Andrés Manuel López Obrador (PRD), se incluye al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a efectos simples de comparación.

Grafica 17
Índice de influencia en Redes Sociales de Edelman

El resultado de los trabajos realizados por los equipos de campaña no se reflejó en el número de votos obtenidos en la elección de julio de 2012 (ver gráfica 4). Josefina Vázquez Mota, candidata presidencial del Partido Acción Nacional (PAN), acumula tres de las cuatro puntuaciones más altas de acuerdo a la consultora Edelman, particularmente en el índice de influencia pero quedando en el tercer lugar de la contienda. Resulta curioso cómo tras el proceso electoral, Vázquez Mota decide alejarse de la escena pública, con lo que desaparece de las tablas de influencia en redes sociales como la que elabora conectan.net.

 

Enrique Peña Nieto, candidato presidencial de la alianza formada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), tuvo que enfrentar yerros propios y el surgimiento del movimiento #Yosoy132, luego que en la Universidad Iberoamericana rehuyó las recriminaciones estudiantiles durante una conferencia tratando de ocultarse en el baño, además de que un dirigente del PRI señaló que eran pocos los que protestaban. El movimiento estudiantil tuvo su principal plataforma en las redes sociales y demostró que el activismo por esa vía puede rendir frutos.

 

Ya como Presidente de la República, mantiene una presencia constante en redes sociales, pero sujeto a escrutinio permanente, como se vio en la explosión que costó la vida a más de 40 personas en el edificio de Petróleos Mexicanos (Pemex) en febrero pasado, episodio en el cual se filtró la versión en redes que en medio de los trabajos de rescate en los escombros, él se había ido a vacacionar a la Riviera nayarita. La condena en este medio no se hizo esperar, como tampoco la reacción de Presidencia para revertir la imagen negativa que provocó esta situación.
Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial por segunda ocasión, mostró que había aprendido de sus errores.

 

En redes sociales mantuvo presencia ayudado de varios grupos –quizá los más agresivos de las redes sociales– que mantuvieron enfrentamientos con sus rivales, consiguiendo ser llamados “Pejezombies”, por el mote que recibió López debido a un animal que caracteriza su estado natal: el pejelagarto, “peje” simplemente para referirse al ex candidato presidencial.

 

Aún antes de que supiéramos el resultado electoral, en el que por segunda ocasión quedó en el segundo lugar, López Obrador impulsó el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que en forma paralela a la campaña que organizaron PRD, PT y MC, apoyó su candidatura presidencial –incluso la autoridad electoral propuso una multa por desvío de fondos de la campaña electoral hacia Morena en enero pasado–, y que tras la conclusión de la contienda anunció sus intenciones de convertirse en partido político, iniciando el trámite en febrero de 2013. Se prevé que tome parte de los procesos electorales que llevarán a las urnas a los ciudadanos de 14 estados del país en julio de este año.

 

Pero Morena y López Obrador son un caso especial de estudio. En tanto que los partidos que se identifican con la etiqueta de izquierda en México se encuentran envueltos en conflictos internos, López Obrador mantiene un grupo compacto que lo sigue de forma incondicional. En tanto los partidos políticos en general generan desconfianza en grandes sectores de la población, él mantiene una gran capacidad de convocatoria; mientras los partidos pierden militantes, López asegura que contará con más de 2 millones de afiliados a Morena para convertirlo en partido… y quizá lo logre.

 

No sabemos qué resultados, ya como partido político, obtendrá Morena, pero resulta curioso que nuevamente López Obrador se ubica en una cómoda posición para recorrer el país como si estuviera en campaña, en tanto uno de sus allegados, Martí Batres Guadarrama, queda como presidente del naciente partido y se encarga de la carga que implica una posición burocrática.

 

Adicionalmente, en momentos en que el PRI regresa a la Presidencia y las caricaturas de los diarios lo pintan como una marioneta del Presidente, en que el PAN luego de la derrota perdió militantes y que los partidos de izquierda continúan con enfrentamientos internos, se mantiene un líder que es considerado ya como posible aspirante a una candidatura presidencial en los aún lejanos comicios de 2018, con el simbolismo que representa el nombre del nuevo instituto político, tanto por el color de piel de un segmento importante de la población mexicana, como porque una de las principales figuras religiosas es, precisamente, la virgen morena, la virgen de Guadalupe.

 

¿Qué pasa con los partidos en México?

Los partidos políticos mexicanos comparten con sus similares internacionales características como el desprestigio que da entrada a liderazgos carismáticos que por sí mismos pueden ganar elecciones. Venezuela tuvo a Hugo Chávez y nosotros a López Obrador.

 

También generan abstencionismo, falta de interés en los jóvenes y, para muchos, representan un gasto descomunal que proviene de los impuestos de los mexicanos[4 En México, los partidos políticos por ley reciben financiamiento público, el cual ascendió en 2012 a más de 5 mil millones de pesos. En tanto que para 2013, por no ser año con elección federal, los montos ascienden a tres mil 563 millones 925 mil 973.66 pesos serán para actividades ordinarias y 106 millones 917 mil 779.21 para específicas relativas a educación y capacitación política, investigación socioeconómica y política, así como a las tareas editoriales. ].

 

La oportunidad que representa la Web 2.0 para los partidos ofrece un reto que no ha podido enfrentarse adecuadamente. La siguiente tabla nos ofrece las cifras de seguidores de Twitter de las cuentas institucionales de los partidos, así como de sus militantes con más seguidores y de sus presidentes nacionales. Aquí cabe destacar que en el caso del PAN no incluimos a su ex candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, que cuenta con 795,661 seguidores y su último mensaje es del 5 de febrero de 2013, porque ella ha decidido alejarse de la escena pública.

Seguidores en Twitter
PRI 56,815          Enrique Peña Nieto 1,656,915                                       César Camacho Quiroz 27,761
PAN 70,133        Felipe Calderón Hinojosa 2,393,103                           Gustavo Madero Muñoz 92,301
PRD 37,147         Andrés Manuel López Obrador 1,000,099              Jesús Zambrano Grijalva 31,788

(Cifras a marzo de 2013)

 

No obstante, si vemos por resultados, la agenda pública la fijan poco los panistas. Es obvio decir que contar con la plataforma que significa la Presidencia de la República es una gran ventaja para cualquiera, pero si repasamos las cifras de asesinatos vinculados al narcotráfico el sexenio pasado –datos que sin duda influyeron para que el PAN, siendo el partido en el poder, no ganara las elecciones presidenciales–, nos da una idea de que la agenda la fijaron los opositores, a grado tal que dichas muertes le son achacadas al ex presidente Calderón, y las operaciones contra el narcotráfico se denominaron como “la guerra de Calderón”, a pesar de los intentos gubernamentales y partidistas por contar otra historia.

 

¿Qué pasa con Acción Nacional, si tuvo dos sexenios la Presidencia y cuenta con los mejores número en cuanto a seguidores en la red social que contribuyó a generar fenómenos como #YoSoy132? A manera de explicación, podemos apuntar algunos elementos que ayudan a comprender esta situación:

 

  • Falta de continuidad de estrategias, planes y proyectos en la materia. Un simple dato muestra cómo la continuidad en este tema no es algo que se atienda: en el sexenio 2000-2006, Vicente Fox tuvo 3 responsables de comunicación social; en el sexenio 2006-2012 hubo 2, ninguno de los 5 contaba con carrera de comunicación o periodismo, aunque hubo un mercadólogo y una politóloga. En el Partido, en 12 años pasaron 5 presidentes nacionales y 10 responsables de comunicación social. Es obvio mencionar que cada uno tenía sus estrategias, desechando las de sus predecesores.

 

  • Reducidos cuadros especializados, que ha llevado a contratar a personal que no es militante, por lo cual desconoce al Partido.

 

  • Escasa coordinación en la materia. En múltiples ocasiones, los mensajes de los gobiernos panistas no encontraban eco en la estructura partidista y viceversa. De hecho, la relación partido-gobierno ha sido una ecuación a la cual no se le encuentra solución en el seno de Acción Nacional.

 

  • Poco aprovechamiento de las herramientas de comunicación disponibles. Para dar una idea, la revista La Nación[5 Dicha revista fue fundada en 1941, es la publicación política más antigua del país. En la década de los 60 llegó a tener un tiraje de 20 mil ejemplares. Actualmente, tira 5 mil.], órgano oficial de Acción Nacional, no ha aprovechado los espacios que Internet le da a las revistas y se tomó la decisión de que no circulara en locales cerrados, por representar un gasto más que la posibilidad de llegar a más ciudadanos.

 

Sin duda que este tipo de situaciones se refleja en las urnas. De hecho, tras la derrota electoral, el Partido Acción Nacional enfrenta una de las crisis más graves de su historia[6 En 1976, por divisiones internas, el PAN no postuló candidato presidencial. Este hecho era considerado como la crisis más grave en la historia del partido.]. La dirigencia nacional decidió emprender una campaña para que los militantes refrendaran su pertenencia al PAN con el resultado de que de la cifra de militantes activos se redujo de 354,461 a 205,033, lo que representa una caída del 57%, en tanto, los militantes adherentes –simpatizantes formales sin obligaciones y con el único derecho de votar en elecciones internas–, pasó de 1 millón 514,106 a 163,220, lo que representa una reducción del 90%.

 

No está de más mencionar que dicha situación también va aparejada de una división interna con todo lo que eso conlleva.

 

En el caso del PRD –partido que comparte buena parte de los errores comentados en párrafos anteriores sobre el PAN–, dicho instituto político cuenta con la peculiaridad de haber sido el que sirvió de plataforma a Andrés Manuel López Obrador. Nacido en Macuspana, Tabasco, en 1953, inició su carrera política en el PRI, en el que llegó a ser presidente estatal en su entidad natal; en 1988, junto a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Porfirio Muñoz Ledo, ambos ex presidentes y fundadores del PRD en 1989, salió del PRI para formar el Frente Democrático Nacional (FDN), siglas con las que Cárdenas participó en las elecciones presidenciales del 88, unas de las más cuestionadas en la historia reciente del país.

 

No obstante que se encontraba a finales de la década de los 80 en un segundo plano, López Obrador aprovechó la siguiente elección presidencial en 1994 para comenzar a figurar en el plano nacional. Tomando de bandera las denuncias de fraude de las elecciones a gobernador en Tabasco, en las que participó como candidato, realizó una marcha hacia la ciudad de México lo que marcó su debut en la agenda de medios. Más tarde protagonizaría un debate con Diego Fernández de Cevallos, excandidato presidencial del PAN, que lo hizo aún más famoso, hasta llegar a ser el candidato ganador a la jefatura de gobierno del DF en el año 2000, a pesar de las acusaciones de que no cumplía con el requisito de residencia necesario.

 

Como jefe de gobierno utilizaría una serie de conferencias de prensa diarias a las 7 de la mañana que le sirvieron para proponer la agenda de temas y retar ocasionalmente al presidente Vicente Fox. En las mismas, se caracterizó por evadir las preguntas incómodas y repetir en múltiples ocasiones la frase “a mí que me den por muerto”, con relación a sus intenciones de ser candidato presidencial del PRD.

 

Para muchos, su paso por la jefatura de gobierno del DF, la capital del país, representó una campaña de seis años en busca de la Presidencia de la República. Así, el anuncio de su candidatura en 2006 no sorprendió a nadie, ni el hecho de que iniciará su campaña en enero de ese año en el municipio más pobre del país –Metlatónoc, Guerrero, en el sur de México–, lo que marcó el tono de su campaña junto con sus lemas: “honestidad valiente” y “primero los pobres”.

 

Quizá sea el político mexicano de la época reciente que mejor se acomoda a los espacios que le permiten los medios de comunicación. Sin ser favorito de las principales televisoras, ocupaba amplios espacios en la pantalla chica con sus denuncias de complot en su contra por parte de la “mafia del poder”, como gusta de llamar a sus enemigos abstractos. Asimismo, se quejaba de la poca cobertura de la prensa nacional, incluso promoviendo que sus seguidores agredieran a reporteros, pero contaba con un periódico, El Sendero del Peje, que gracias al trabajo voluntario de miles de activistas, se repartía en diversas ciudades del país.

 

Sus denuncias y enfrentamientos con medios y políticos rivales le generarían amplios espacios en medios y en los comentarios ciudadanos. Era el político más odiado o el más querido, pero nunca ignorado.

 

En la elección presidencial 2006, quedó en segundo lugar, pero el número de votos conseguidos para los partidos de izquierda que lo postularon fueron los más altos en toda la historia de ese sector del espectro político mexicano. En dichos comicios, el candidato ganador, Felipe Calderón del PAN, obtuvo 15,000,284 por 14,756,350 de López Obrador, expresado en porcentajes, la diferencia fue de 35.89% contra 35.31%, es decir: .58% o 250,000 votos aproximadamente.

 

Con ese resultado, emprendió una campaña de denuncia de un supuesto fraude orquestado por la “mafia del poder”, para proclamarse Presidente Legítimo en un multitudinario acto en el zócalo del DF –la principal plaza del país, en la que se ubican la Catedral Metropolitana, el palacio de gobierno del DF y el Palacio Nacional, desde donde despacha el Presidente de México– el día 16 de septiembre de 2006 y toma posesión del cargo el 20 de noviembre del mismo año. Ambas fechas poseen un simbolismo importante para los mexicanos, pues conmemoramos el inicio de la guerra de Independencia y de la Revolución, respectivamente; ésta última terminó con la dictadura de Porfirio Díaz Mori a principios del siglo XX.

 

Con el nombramiento, a pesar de que en distintos medios se le caricaturizó, emprendió un nuevo recorrido por el país, sembrando lo que sería con el paso del tiempo Morena y manteniendo vigente su nombre en la mente de los mexicanos –sin contar con un puesto legislativo o gubernamental–, pero generando a su paso la polémica necesaria para mantenerse en los medios de comunicación.

 

Al aproximarse la campaña electoral 2012, la izquierda volvió a plantearse la pregunta de quién debería ser el candidato presidencial de la coalición, particularmente por la actuación del jefe de gobierno del DF, Marcel Ebrard Casaubón, ganador de la campaña 2006, integrante del PRD y bien posicionado en las encuestas. Fue precisamente un sondeo, previamente acordado por ambos personajes, lo que decidió que de nueva cuenta el tabasqueño ocupará el espacio en las boletas electorales.

 

Con nuevas estrategias producto de un aprendizaje de 12 años –6 como jefe de gobierno y 6 como candidato–, López Obrador abandonó su discurso de confrontación y comenzó a apelar al amor como discurso de campaña; integró a empresarios a su equipo cercano, como fue el caso de Alfonso Romo, y empezó a abrir espacios a los medios de comunicación con los que en 2006 había roto relaciones. El Sendero del Peje se transformó en un portal de Internet, SDP Noticias, para la campaña 2012. Surgieron grupos de apoyo a su candidatura alrededor del movimiento que más tarde se conocería como Morena.

 

Si en 2006 acudió a una entrevista en televisión para contestar las preguntas que le gustaban[7 El caso más sonado fue en el noticiario del canal 4 de Televisa, en el que el conductor, Víctor Trujillo, realizó preguntas de primaria a los candidatos presidenciales. López Obrador se negó argumentando que respondía a una estrategia, pero señalando que iba adelante en las encuestas y que iba a ganar la elección.], en 2012 se mostró más abierto a las conversaciones con los reporteros. La confrontación quedó atrás, aunque sus seguidores se encargaban de reclamar, corregir o desempeñarse como Trols en redes sociales. El término “pejezombies” comenzó a ser utilizado comúnmente en las conversaciones y en los medios de opinión.

Así, la elección de julio de 2012 fue ganada por el candidato de la alianza formada por el PRI y el PVEM, Enrique Peña Nieto, quien tras una meteórica carrera –apenas en 1999 inició en la política que lo llevó a ser diputado local, secretario estatal y gobernador del estado de México–, se catapultó gracias a las gacetillas que en televisión, principalmente en Televisa, promovían las obras de su gobierno, a la par que aparecía en revistas de espectáculos gracias a su noviazgo y posterior matrimonio con la actriz Angélica Rivera, mejor conocida como “gaviota” por su papel en la telenovela “Destilando Amor” de 2007.

 

Tras 13 años de carrera política, Enrique Peña Nieto escaló hasta la posición más alta de la política mexicana. Para muchos especialistas, la televisión fue parte importante de dicho éxito, aunque las redes sociales también contribuyeron a hacer popular a Peña.

 

Uno de los factores que se tiene que revisar al momento de explicar el resultado electoral de 2012, que mandaría al PAN al tercer lugar luego de dos victorias consecutivas, tiene que ver con la presencia que tuvieron los candidatos de la izquierda y del PRI. López Obrador se mantenía en el ánimo popular luego de 12 años de campaña, sin el apoyo de los medios tradicionales pero apoyado por la prensa que simpatizaba con su causa y un activismos en redes sociales, era recordado inmediatamente por el ciudadano; Peña Nieto aparecía constantemente en la televisión y en revistas al lado de su ahora esposa, con lo cual aseguraba estar presente en la mente de los mexicanos.

 

El PAN en cambio, llegó a 2012 sin un candidato natural y bien posicionado. A principios de año, se organizó una elección interna que buscaba, entre otras cosas, dar a conocer a los aspirantes panistas entre la ciudadanía, y ocupar amplios espacios en medios. Así, Josefina Vázquez Mota, ex secretaria de Desarrollo Social y de Educación; Ernesto Cordero Arroyo, ex secretario de Hacienda, y Santiago Creel Miranda, ex secretario de Gobernación y senador con licencia, participaron en las también llamadas primarias de Acción Nacional, que no estuvieron exentas de ataques entre ellos y denuncias de apoyos desde el gobierno federal.

 

Finalmente, Vázquez Mota ganó la elección interna, siendo la primera mujer que es postulada por el PAN para obtener la Presidencia de la República. Su campaña arrancó con el lema “Diferente”, lo que provocó dudas acerca de si se refería a lo hecho por el gobierno en turno, emanado de su partido, o a su condición de mujer.

 

El resultado es de sobra conocido y después de 12 años, el PAN regresó a la oposición y Vázquez Mota se alejó paulatinamente de la escena pública, en medio de versiones de enfrentamientos con el Presidente de la República saliente.

Grafica 23
Resultados elección presidencial 2012

En redes sociales, el modelo que utiliza el PAN es uno horizontal en el que existen muchos emisores con poca coordinación entre ellos, a pesar de los esfuerzos en la materia. Prácticamente, cada secretaría del Partido mantiene cuentas en Facebook o en Twitter, además de los grupos de apoyo que surgieron durante la campaña, como es el caso de “Fans de Josefina” u “Ola Civil”. En el caso de la primera cuenta, llegó a tener poco más de 2,000 seguidores en Twitter, como también fue el caso de “México con JVM” que acumuló una cantidad similar, al igual que “Ola Civil”.

 

En contraste, el PRI creó el grupo “CiberactivistasPRI” que cuenta con 47,581 seguidores en Twitter, además de grupos estatales; por su parte la campaña de López Obrador fue apoyada por el ya mencionado portal SDP Noticias con 72,345 seguidores en la misma red.

 

Mientras los esfuerzos panistas se dispersaron en una variedad de cuentas, que en ocasiones compartían al mismo público, las campañas de Peña y de López concentraron los esfuerzos en menos. En prensa, se comentó la labor que desempeño Enrique Aquino, en el caso del PRI, y de Federico Arreola, en la campaña de López, como los orquestadores de todo el trabajo de los activistas en redes sociales y de los “bots” que actuaron para replicar los mensajes. El PAN no tuvo a una figura similar y las acusaciones de uso de “bots” fueron menores pero no inexistentes.

 

Con todo, la experiencia adquirida podría ser desechada por los constantes cambios en la estructura de los partidos, no así en los equipos cercanos a los ex candidatos. El PRI mantiene su estructura de Ciberactivistas, López continúa manteniendo sus redes de apoyo, en tanto que PAN y PRD continúan con el modelo horizontal de muchos voceros, escasa coordinación y sin un líder claro para comunicar.

 

Consideraciones finales

Las redes sociales son parte de un proceso en el que toman parte al igual que otros medios. “La comunicación de masas no tiene lugar en un vacío social. Cualquier miembro de la audiencia no es un individuo aislado que espere una inyección hipodérmica de los mass-media. Los individuos viven sus existencias en grupos sociales: familia, vecinos, colegas de trabajo y asociaciones formales. Más allá de estos grupos y sus miembros hay otros que funcionan como grupos de referencia. Todos estos grupos tienen normas sociales, algunas de ellas relevantes para las cuestiones políticas. Redes complicadas de comunicación interpersonal –a veces, incluso comunicación de masas– mantienen esas normas. A diferencia de la comunicación de masas, la comunicación interpersonal [como en ocasiones sucede con las redes tipo Twitter] disfruta de un elevado nivel de feedback. Los mensajes políticos que fluyen por canales interpersonales pueden ser rápidamente ajustados a cada destinatario y a menudo disfrutan de la bonificación del respaldo del grupo” (Lang, 1985).

 

Recientemente, se ha visto cómo el ciudadano que participa de las actividades políticas hace uso de la posibilidad que le brindan las redes sociales para participar en la producción de mensajes. Si anteriormente el estudio de la influencia de los medios masivos colocaba a la televisión como el principal medio, ahora tenemos a las redes en una posición cada vez más cercana a la pantalla chica. La investigación, en este sentido, aún no genera suficiente material para poder explicar si la televisión ha sido desplazada del lugar privilegiado que tenía como fuente de información, si ha sido complementada o si el ciudadano ahora cuenta con más fuentes compitiendo por tener más credibilidad de acuerdo a los emisores.

 

Para el caso mexicano en las elecciones presidenciales de 2006 y de 2012, la experiencia empírica y los estudios nos comienzan a dar a conocer el papel que jugaron las redes sociales, de acuerdo a todo el ecosistema comunicativo que se tiene en el país, en temas como influencia de los candidatos presidenciales y la manera en que el elector definió su voto a partir de la información recibida mediante este tipo de instrumentos. Cabe aclarar, que por su novedad, los datos y estudios disponibles para arribar a conclusiones más acabadas son pocos en comparación con lo que sucede en otras naciones.

 

No obstante lo anterior, en México también podemos constatar que “los electores adquieren grandes cantidades de información a partir de los mass-media. Aunque la comunicación de masas se ha caracterizado como un aula en la que los alumnos entran y salen continuamente –a menudo con escasa motivación para atender debidamente a cualquiera de los mensajes políticos– es, sin embargo, un maestro poderoso” (Lang, 1985).

 

Una campaña electoral es la oportunidad que tienen partidos y candidatos para comunicarse directamente con el elector. Para tal fin, hace uso de distintas herramientas teniendo un objetivo preciso: persuadir al votante para que deposite la boleta electoral a favor de determinado candidato.

 

Durante décadas, se planteó que el medio que mejor desempeñaba dicho papel era la televisión, la cual “se caracteriza por una cosa: entretiene, relaja y divierte. Como decía anteriormente, cultiva al homo ludens, pero la televisión invade toda nuestra vida, se afirma incluso como un demiurgo. Después de haber ‘formado’ a los niños continúa formando, o de algún modo, influenciando a los adultos por medio de la ‘información’” (Sartori, 1997).

 

Con la irrupción de las redes sociales en el escenario nacional, comienza una competencia más seria para la televisión, como podemos ver por las estadísticas de uso de tales instrumentos por parte de los mexicanos:
La audiencia de usuarios de Internet, en los últimos años ha tenido un crecimiento considerable en algunas regiones del mundo, como ejemplo de ello tenemos la región Medio Oriente –África, la cual aumentó un 28.5% del 2011 al año 2012. El caso mexicano también ofrece altas tasas de crecimiento, particularmente con la entrada de teléfonos celulares con conexión a Internet.

 

La pregunta que seguimos planteando en el país es si las redes sociales tienen o no tienen influencia. De acuerdo a las cifras presentadas, una respuesta es que aún no tienen una influencia determinante, pero se suman a los medios que, en conjunto, contribuyen a determinar la decisión del elector. Si seguimos la proyección de cobertura y penetración de Internet, que incluye el uso de las redes sociales, tendremos que en 2018 –de acuerdo a tasas de crecimiento de cerca de 40% en el caso de la televisión y de cerca de 400% en el caso de Internet–, el uso de Facebook, Twitter, YouTube, las otras existentes y las que se sumen sí será determinante, pues habrá un número muy similar de hogares con televisión y con acceso a Internet. De acuerdo con nuestra proyección, para 2020 México podría tener 36 millones de hogares con televisión y 33 millones con conexión a Internet.

 

Por tratarse de un fenómeno dinámico, aparejado a hábitos de los ciudadanos y a una mayor masificación de la tecnología, estamos a la puerta de nuevos estudios que contribuyan a comprender mejor este fenómeno, relacionándolo con las actividades electorales. Cabe recordar que en la elección presidencial de 2000, las redes sociales no figuraban en el panorama comunicacional mundial; para 2006 su edad era de apenas 3 años, así que en 2018, dado el ritmo de crecimiento y adopción por parte de la población de este tipo de instrumentos, veremos nuevos fenómenos alrededor de este tipo de herramientas.

 

Si bien, el uso de las redes sociales en México contribuye a incrementar la popularidad de los candidatos presidenciales a la República conforme avanza el periodo electoral, no es aún un factor que, por sí solo, contribuya a definir el resultado en las urnas.

 

El uso de redes sociales contribuye con un impacto positivo en la cultura democrática de México, proyectándose como una de las principales fuentes de información política de los ciudadanos.

 

Aún no es posible medir si las redes sociales tienen influencia en los resultados electorales en nuestro país, debido a su aún escasa penetración; aunque cabe advertir que en la próxima elección presidencial se espera que jueguen un papel aún más importante.

 

Indudablemente, México presenta un crecimiento importante en usuarios de Internet. Sin embargo, las redes sociales, como un entorno que permite la interacción social, sólo es usado por el 61% de dichos usuarios. Esto equivale a que cerca del 40% de la población que tiene acceso a medios de Internet, no utiliza una red social.

 

Durante el proceso electoral de 2012 en México, Twitter y Facebook, por mencionar a las principales redes, contribuyeron de manera significativa y competitiva al debate de ideas sobre las campañas a la Presidencia de la República, gracias a la difusión de opiniones desde diversas posturas partidistas. Asimismo, ayudaron a crear interés colectivo sobre los comicios del 1º de Julio de 2012, a la par que nos ofrecían expresiones novedosas organizadas a partir de las propias redes sociales. Tal es el caso del Movimiento #YoSoy132 y de las subsecuentes marchas que exigían la democratización de los medios de información.

 

Bibliografía

De Moragas Spa, Miguel. Sociología de la Comunicación de Masas. Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1985.
Índice de influencia en Redes Sociales de Edelman: http://tweetlevel.edelman.com/Home.aspx
Redes Sociales en México y Latinoamérica 2011, Asociación Mexicana de Internet.
http://www.amipci.org.mx/?P=esthabitos
Sartori, Giovanni. Homo videns. Ed. Taurus, México, 2007.

 

(Publicado en la revista Diálogo Político de la Fundación Konrad Adenauer)

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