Sobre las relaciones entre el PAN y la Democracia Cristiana

 

Reunión de la IDC en México, 2001.

 

Para “Rebasar por la izquierda” se necesitaba un partido unido en torno a los principios del bien común, de la solidaridad y de la justicia social; no un gobierno en el poder con la veleidad de hacerle la guerra a los malos y un partido con ansias de repartirse el botín.


 

Los partidos políticos

Existen muchas definiciones y descripciones del rol que tienen o que debieran tener los partidos. Por mi parte yo me atengo a aquella que define a un partido en función del bien de todos o bien común y combato, por lo tanto, la idea de que el rol de los partidos está en función de los intereses parciales (“de parte”) de las clases sociales o de los sectores de producción (iniciativa privada, sindicatos, intelectuales, etc.).

Pienso que la diferencia entre los diferentes partidos estriba en cómo éstos conciben el bien de todos, en las ideas o “filosofías políticas” con las cuales interpretan la historia, la realidad social y el quehacer político en favor del bien común.

Esto viene a cuento porque en el Partido Acción Nacional ha crecido el número de quienes, aun considerando a ese partido como interclasista, lo ven más como la expresión de sus intereses de parte: si ya no es “el partido de los banqueros”, sí sigue siendo el partido de una clase media alta, educada y “humanista”. Pero no sólo eso, sino que, además, parece que cuando se trata de las cuestiones de poder, en el PAN haya ganado el modo de pensar según el cual a participar en su dirección (y en los pocos puestos de autoridades del Estado que les quedaron después de la debacle) han de ser los representantes de las corrientes o de los grupos de interés que, “haiga sido como haiga sido”, se hicieron del poder. Se ha impuesto el criterio de la repartición del botín y no el del currículo de servicio al país o al humanismo político.

Esta manera de “luchar por el poder” viene de lejos. Se le atribuye a Adolfo Christlieb el haber hecho aterrizar a los ideólogos del partido (entre los cuales estaban los fundadores) en una consideración más pragmática y es por ello que, si creemos a los historiadores, el entonces presidente del PAN se acercó al presidente del país, Gustavo Díaz Ordaz. Entre los tributos que Christlieb pagó por su “Realpolitik” estuvo la de alejar al PAN de las propuestas de acercamiento a la Democracia Cristiana. Y lo hizo alegando el carácter no confesional del partido y el peligro de que el PAN perdiera su registro ante Gobernación.

 

Un poco de historia

En realidad, el litigio sobre la adhesión o, más exactamente, sobre el “acercamiento” a la DC a principios de los años 60 fue una cuestión de vinculación con las bases sociales y no de ideología. A mí me consta que quienes propusieron el acercamiento a la Democracia Cristiana no trataban de ponerle la etiqueta al PAN de partido “cristiano” o de “democracia cristiana”: de hecho, podían muy bien convivir con la denominación “neutra” (aunque desgraciadamente no lo es tanto que digamos) de “acción nacional”. La discusión vertía, en cambio, sobre la capacidad de los cuadros del partido para mejorar la vinculación con las clases populares o, como se decía por aquel entonces en México, con las “fuerzas vivas de la nación”. Y en ese sentido la experiencia de los partidos demócratas cristianos era preciosa y representaba un verdadero desafío político para el PAN. Todos sabemos que la idea no prosperó, ¿Por qué?

A pesar de la interpretación, dictada por Christlieb, según el cual el rechazo trataba de respetar el orden laico del país, la verdad es que los movimientos demócrata-cristianos representaban para el PAN un desafío a su estructura y a sus líneas de mando y hubieran impuesto una apertura que la directiva del partido entonces no pudo aceptar: todos sabemos que se impuso la línea que prefirió negociar el reconocimiento de diputados de partido con el poder en turno. Pero los resultados para el PAN, desgraciadamente, fueron pésimos y los conocemos: como acertada y sencillamente afirma María Elena Álvarez de Vicencio (Palabra, No. 92, p. 73), “la decepción de Christlieb fue muy grande”. Y no era para menos: le había apostado al régimen y salió “chamaqueado”.

En cambio, la propuesta de acercamiento a la Democracia Cristiana no era contraria a que el partido evolucionara hacia una verdadera lucha por el poder. Al contrario, era precisamente eso lo que los propulsores de la democracia cristiana querían y sabían aportar. La experiencia democristiana en la Europa y en la América Latina de aquel entonces demostraba, precisamente, cuál era el verdadero camino: el de la vinculación, orgánica y estructurada, con diferentes sectores de la sociedad. De esta manera, la llegada al poder hubiera sido también sostenida por la población y su ejercicio apoyado y consensado. Las afirmaciones que se atribuyen a Gómez Morín iban, sin embargo en el sentido exactamente opuesto: “manos fuera de los sindicatos; manos fuera de la academia”, decía el fundador. Si bien defendían la legítima autonomía, por ejemplo de la Universidad, respecto del poder político del presidente de la República, y era comprensibles en los años 40, esas expresiones, veinte años más tarde y, sobre todo, tomadas a la letra, implicaron que el PAN se “quedara sin manos”, es decir, se desvinculara de sindicatos y de universidades y eso ha significado, hasta ahora, una ausencia de relaciones orgánicas con esos círculos. Hay que reconocer que también es cierto que la existencia de “sindicatos únicos” es una anomalía que permite todavía en nuestro país la sobrevivencia del corporativismo de tipo fascista (si no, ¿cómo interpretar los plantones y los atentados?). Y si hay una reforma del Estado por hacer es ésa: que se acabe con los monopolios políticos. Pero esa batalla, que se ha hecho en los países en donde la democracia cristiana ha existido como fuerza real, falta en México. Y falta aquí porque el PAN no se ha planteado el verdadero problema de los partidos políticos, que es el de la organicidad y la mediación entre las fuerzas y los intereses de las diversas clases y sectores sociales y de las diferentes organizaciones civiles que los representan. Precisamente, lo que permite superar al corporativismo es la existencia de partidos que se interrelacionen, respetando su autonomía, con las diversas fuerzas sociales.

Por lo que se refiere a las relaciones con la Democracia Cristiana, es curioso observar que esa se realiza sólo años más tarde, con Castillo Peraza, con quien el PAN iniciará un proceso que culminará con la adhesión al movimiento Demócrata Cristiano, cuando éste está prácticamente en crisis en todos los países latinos (Italia, en primer lugar, pero también en América Latina).

Por eso vale la pena hacer la comparación con los partidos demócratas cristianos, lo que, además de legítimo me parece extremadamente útil. Más todavía en este momento de reflexión y re-pensamiento del “Partido Acción Nacional”.

Y en lo que queda de este artículo, me dedicaré a señalar y recordar algunos hechos y sacar algunas reflexiones.

 

Diversificada presencia de la DC en el mundo

No todos los países en donde existen cristianos (o católicos) comprometidos en lo político conocen una presencia significativa de la Democracia Cristiana. Un ejemplo extremo lo constituye Francia, en donde, (Ver De Laubier, Patrick ….) los cristianos decidieron no crear un partido sino más bien insertarse en los diferentes movimientos y partidos, a condición de que tal adhesión no fuera incompatible con su fe. Por ello en Francia no existe un partido “demócrata cristiano” que agrupe a la mayoría de los cristianos, ya que el que existe no los representa ni por su número ni por su presencia en el panorama político francés. De hecho, en ese país, las denominaciones “demócrata cristianas” están sumadas a partidos de centro-derecha o a otros movimientos. Por otra parte, en Francia misma existen movimientos de acción popular y de izquierdas inspirados a la doctrina humanista y cristiana.

En Italia, en cambio, la Democracia Cristiana sí existió como partido fuerte y de gobierno, y tuvo incluso un rol importante en la Europa después de la guerra. Este partido, que representaba a los católicos italianos, conoció tanto las mieles del poder como la peor de las corrupciones (optima pessima corruptio) al punto que, involucrado hasta la médula en el escándalo de Tangentopoli (“Mordidópolis”), el partido fue declarado extinto por su último secretario general, Mino Martinazzoli.

Por su parte, en los países de habla alemana (Alemania, Austria, Suiza), la democracia cristiana conoce un fuerte éxito, incluso el día de hoy. En Alemania tiene en el gobierno a la Canciller Ángela Merkel. En Austria, aun cuando en estos diez años ha bajado mucho su éxito electoral, tiene todavía casi la tercera parte de los votos, lo que lo pone en alternancia del poder con el partido socialista. En Suiza, el partido demócrata cristiano es uno de los partidos del gobierno federal y de varios gobiernos cantonales. Podemos también notar, de paso, la existencia de un partido social-cristiano en aquellos cantones cuyos partidos “oficiales” demócrata-cristianos han perdido su contacto con la base sindical y popular.

En otros países europeos, son los llamados “partidos populares” los que se identifican con la democracia cristiana.

Entre los países sudamericanos las más importantes experiencias históricas de la democracia cristiana se dieron en Venezuela y en Chile.

En Venezuela, el COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente, conocido también como Partido Socialcristiano, o Partido Verde por el color de su logo), pertenece a la tendencia ideológica del Humanismo cristiano. Sin embargo, la disminución en el poder y en el afecto de los venezolanos se debió, más que nada, a la corrupción del partido y de su gente en el poder y, en parte, al haber pedido la cercanía con las masas populares, que Caldera y Calvani habían sabido conservar.

Mientras que en Chile no fue tanto la corrupción, sino el alejamiento del pueblo lo que impidió en 1970 la continuidad del DC en el gobierno; un alejamiento quizás más sentido por las clases populares que real en los programas y en la práctica de la DC. Pero la tragedia que vivió ese país hermano no puede hacernos olvidar la obligación que tenía la DC de cuidar esa vinculación estrecha con sus alas sindicales y populares.

 

Elementos de juicio

De esta rápida reseña sobre algunas experiencias democristianas me gustaría resaltar algunos elementos:

El PDC es, por su naturaleza, un partido de centro y se compone de corrientes (“alas” o “ánimas” diferentes) que van desde las más tradicionales, en general conservadoras, hasta las más cercanas al cambio social inspirado por la Doctrina Social. Es decir, son por lo general partidos de centro, no de derechas ni de extremos. El éxito de estos partidos se funda precisamente en su vinculación con los diferentes movimientos sociales y su capacidad de representar los diversos estratos sociales (empresariales, sindicales, académicos, populares, urbanos, rurales, etc.) unificados en plataformas y programas políticos que responden a un interés general que los unifica (que es el famoso “bien común” de la Doctrina Social Cristiana).

También los caracteriza la coherencia entre la ideología o doctrina del partido y su praxis interna y su actuación en el gobierno, en el sentido de que no se puede renunciar a construir el sentido unitario, substituyéndolo por una especie de acomodo o repartición de puestos y prebendas entre los diversos los líderes, sin que haya una repercusión negativa directa y casi inmediata en los resultados electorales. Sin esa coherencia, la DC tiende a desaparecer, como lo muestra la experiencia de los países sudamericanos y, en grado extremo, el fracaso de la Democracia Cristiana Italiana. Precisamente, el haberse despegado de la base y el haber abierto la puerta a intereses de carácter personal ocasionó en estos países la corrupción del partido y de sus líderes al punto que los militantes de la DC no se sintieron ya representadas por ellos. En este mismo sentido, creo, hay que leer lo ocurrido al PAN en estos doce años de “experiencia de gobierno”. (La “docena trágica”). Y en sentido contrario, los partidos de la Europa germana, que controlan y castigan esas corruptelas, se mantienen.

 

Alternativas

La manera en la cual los “humanistas” y los cristianos pueden comprometerse en política no está ligada a su pertenencia a un partido determinado. En Francia, como vimos, su compromiso puede llevarse a cabo en partidos y movimientos diferentes.

Ni tampoco la existencia de un partido llamado cristiano, o de inspiración cristiana o humanista o de inspiración humanista, implica que obligatoriamente o convenientemente los cristianos se inscriban o deban inscribirse en éste. De hecho, la misma Doctrina Social de la Iglesia deja amplia libertad al respecto.

En un mismo país puede existir más de un partido de inspiración cristiana (por ejemplo el demócrata cristiano y el social cristiano).

Al interior de un mismo partido pueden existir diferentes corrientes que se reclamen como inspiradas a la Doctrina Social Cristiana. Es más, tal hecho es deseable en la medida en la cual el partido DC esté vinculado y represente a diferentes clases, capas, organismos o movimientos sociales.

Además, la existencia de un partido cristiano no lo inmuniza contra la corrupción. Los casos de Italia y Venezuela ilustran demasiado bien este punto. Habrá siempre corrupción, es cierto, pero el partido tiene que generar sus propios anticuerpos y hacer nacer, si es necesario, incluso una crisis para limpiarse de las corrupciones. (Cuando pienso que las grandes crisis del PAN – que lo debilitaron – se debieron sobre todo a diferencias ideológicas y que ahora se soportan hasta corrupciones, inscripciones en masa, etc…!)

 

Qué pasó en México

Investigar y determinar las causas que explican por qué el PAN llegó a la actual triste situación es harina de otro costal. Sin embargo me permito señalar algunos elementos, el principal de los cuales es el maquiavelismo con el cual la leadership del partido ha transigido. Expresiones como “primero el poder y luego ya veremos”; o “en política no existe la objetividad”; o, incluso, el “mandar la doctrina de vacaciones”, no sólo hacen explícito un maquiavelismo más o menos larvado y quizás nunca asumido completamente en primera persona, pero sí son frases que, dichas en boca de panistas, denotan una ingenuidad rayana con la estupidez. Estupidez que los adversarios, sobre todo priístas han sabido aprovechar pactando hasta con presidentes del partido para, invariablemente, chamaquearlos después.

Otro elemento que nos indicaría a cuáles causas podríamos atribuir la situación del PAN es la falta de una clara orientación política en cuanto al ejercicio del poder. El partido ha dejado a la ley electoral, elaborada sobre todo por sus adversarios, la última palabra en cuanto a la gestión de sus contradicciones internas. A este respecto, tenemos que decir que si el PAN tiene que respetar la ley electoral y de partidos, nada impide que lo haga de manera más severa y más transparente de lo que lo hacen otros partidos.

Sin embargo, la principal causa de la incapacidad del PAN para gobernar estriba, me parece, en su falta de vinculación con las diferentes fuerzas sociales. Por ejemplo, una “guerra” contra la delincuencia organizada, por más “santa” que sea, tiene poquísimas probabilidades de éxito sin un apoyo claro, decidido y generoso de las clases populares. El no haber elaborado canales de agregación social al interior del partido, el haberse desangrado durante decenios de sus mejores exponentes sociales, el llegar a la conclusión de que la lucha por el poder significaría (al menos en parte) el abandono de los principios de la política humanista para degenerar en la “Realpolitik”, el haberse dejado imponer esa lógica del poder primero y luego ya veremos, hizo que el PAN, al momento de tener que gobernar e imponer sus líneas programáticas, se encontrara solo y apoyado solamente en una delgada y lábil estructura, sin base política.

 

La política va más allá de los partidos

De manera más general, el hecho de que hoy en día se hable mucho de “candidaturas ciudadanas” nos tiene que hacer reflexionar sobre la distancia creciente entre los partidos y los demás ciudadanos y en la poca representatividad que éstos sienten por parte de aquéllos.

De hecho, más allá del partido, la acción política se desenvuelve en las “fuerzas sociales”. A este propósito es necesario:

Reconocerlas y no englobarlas con los “poderes fácticos”, es decir, reconocer su legitimidad y sus propias características, respetándolas (es en este sentido que Gómez Morín decía “manos fuera de la academia, manos fuera de los sindicatos”, no en el sentido que vino después de desvinculación y hasta abandono de esos ámbitos a los otros partidos); participar en su democratización, con leyes que garanticen la libertad de asociación (por ejemplo, cambiando todas aquellas normas que instituyen de hecho los sindicatos únicos) y, además, con el diseño de una acción política tendiente a la creación de sindicatos afines inspirados en la doctrina del humanismo político;

Vinculándose con dichas fuerzas políticas no sólo a través de “oficinas de vinculación” sino con la participación de dichas fuerzas organizadas en la elaboración de plataformas, programas y estrategias políticas.

A este respecto vale la pena mencionar lo que dice la Doctrina Social Cristiana, (¡que no porque sea cristiana es falsa o está fuera de lugar!): partidos y sindicatos, sindicatos y participación específica a la política en sentido estricto, etc.

Y es que la estrategia de la acción política sugiere la creación de alianzas con los sectores más importantes de la sociedad: academia, sindicatos, iniciativa privada, movimientos populares, etc. Aparte la vinculación con los empresarios, el PAN ha sido omiso en este respecto: no ha cuidado sus relaciones con los movimientos y las organizaciones de la sociedad civil y con los sectores productivos no empresariales (sindicatos, PyMES).

 

Alejandro Avilés

(El autor, hijo de quien fuera director de la revista La Nación, Alejandro Avilés Insunza, con conocimiento de primera mano de la época en que al interior del PAN se discutió la conveniencia o no de ingresar a la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) durante el mandato de Adolfo Christlieb Ibarrola, nos comparte sus apuntes que gracias al tiempo y la distancia gozan de una refrescante perspectiva sobre el particular. Agradezco su permiso para que nuestros lectores conozcan esta faceta en la vida del Partido.)

 

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One thought on “Sobre las relaciones entre el PAN y la Democracia Cristiana

  1. Es muy interesante el artículo, honestamente creo q mas que Democráta Cristiano, el PAN es un partido liberal, y por tanto en la práctica alejado de las doctrinas de la Democracia Cristiana en cuanto a su lucha contra desigualdad, por la construcción de un Estado de Bienestar y por la intervención del estado en la economía. Creo que es necesario contruir un verdadero Partido Democrata Cristiano que no descuide la lucha por la etica y moral en la vida pública tan necesaria hoy en México pero además qué sepa encauzar la luchas sociales contra la desigualdad, que defienda la intervencion del estado en defensa de las mayorias sin caer en el corporativismo.

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