El 68 y el PAN

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Acción Nacional, en voz de sus legisladores, fue de los pocos en oponerse y en criticar la presencia del ejército en Ciudad Universitaria y, a través de la revista La Nación, dar a conocer datos de la masacre de Tlatelolco. Una honrosa acción que, sin embargo, ha sido olvidada en aras de otras banderas más rentables electoralmente.


 

“Que el ejército abandone la universidad”

De las pocas voces que se escucharon contrarias al discurso oficial que condenaba el movimiento estudiantil de 1968, un legislador del PAN utilizó la tribuna de Donceles —en ese entonces sede de la Cámara— para exigir la salida inmediata de las fuerzas armadas.

El 20 de septiembre de 1968, en la Cámara de Diputados, Rafael Preciado Hernández pronunció un discurso en el que exigió la desocupación de la institución: “…Esto que ya decía Ortega y Gasset, cuando aludía a las generaciones como el gozne sobre el cual la historia ejecuta sus movimientos; pero esos movimientos para que beneficien a un pueblo y para que sean progresivos deben realizarse en dirección de la realización de sus valores fundamentales, nacionales y universales (…) Nada de esto será posible hacer mientras la Universidad Nacional Autónoma de México esté ocupada por el ejército. Indebidamente, violando de manera clara el principio de autonomía de la misma Universidad (…) Por ello, en la proposición que se ha leído, insistimos en que cuanto antes el ejército abandone la Universidad, y que nuestra amada Universidad sea entregada a sus legítimas autoridades”.

Más tarde, en la edición del 15 de octubre de ese año, Gerardo Medina Valdés —director de la revista La Nación, que tituló su portada “Huichilobos vuelve a Tlatelolco”— dejó constancia que “cuando con el retiro de las tropas del Politécnico el día 24 y de la Ciudad Universitaria el 30 de septiembre y la vuelta del rector Javier Barrios Sierra, parecía vislumbrarse un retorno a la razón, el régimen revivió nuevamente a Huichilobos, y en una tarde y noche trágicas, el 2 de octubre tomó a sangre, fuego, odio y miedo la plaza de Tlatelolco, en una acción formal de guerra que todo mundo juzgó —excepto los miembros de la aterrorizada oligarquía— como urdida por una mente desequilibrada, pues más que un crimen fue aquello una muy grave torpeza”.

La crónica de Medina Valdés es una de las pocas piezas periodísticas que se pueden encontrar, donde refleja lo sucedido en esa fecha en Tlatelolco, con detalles que revelan los hechos: “es posible que algunas de las confesiones se han obtenido mediante torturas, aunque los detenidos se hagan lenguas del buen trato recibidos en los ‘centros de rehabilitación’ (nuevo nombre para las mazmorras) del campo militar número uno; también es posible que algunos de los declarantes hayan sido ‘convencidos’ de ponerse del lado del gobierno y no hay que descartar la posibilidad de que muchos dirigentes hayan sido infiltrados del gobierno mismo”.

Algo para presumir, pero sin duda pasará de largo entre tantos temas electorales que se manejan en el Partido. Ni siquiera a La Nación se le da la importancia que merece y tuvo en esa época.

Si desea leer completa la edición de la revista y la crónica de Gerardo Medina Valdés, puede descargarla en el siguiente enlace.

 

La comunicación de Partido

No falta razón a quienes dentro del Partido se molestan porque en los medios se refleja sólo lo malo del Partido. Por ejemplo, Javier Duarte, gobernador de Veracruz, responde a preguntas de la prensa en supuesto estado de ebriedad y las reacciones son menores que las provocadas por lo de la presa de Padrés, gobernador de Sonora —tema en el que el tiempo se encargará de poner en su lugar a cada quien.

La pregunta es por qué la ocurrencia de llamar “simio” a Ronaldhino por un panista de Querétaro generó hasta un trending topic en redes sociales y la declaración de un priísta de que “las leyes y las mujeres son para violarlas” no tuvo el mismo impacto.

Lo que esos mismos panistas no ven es que el PAN prometió seguir una línea de honradez que no se espera del PRI. Otro aspecto del problema tiene que ver con la ya tradicional y mala relación que el Partido tiene con la prensa y la falta de voceros que lo defiendan en medios con una estrategia en común.

Pero de eso no parece darse cuenta la dirigencia del PAN, que ha llamado “reporteretes” a periodistas o señalar que se trata de campañas de desprestigio elaboradas por los mismos medios, en lugar de reconocer errores y actuar.

 

Migajas

Margarita Zavala confirmó su intención de buscar el año entrante una diputación federal, en un contexto en el que su hermano Juan Ignacio anunció su renuncia a la militancia al partido y versiones del rechazo a la idea dentro del grupo maderista.

Gustavo Madero, quizá al momento que usted lector tenga esta columna frente a sus ojos se dé la confirmación, también buscará una diputación en 2015, con lo que se ahondará tanto el rechazo a su “proyecto personal” —en palabras de Luis Felipe Bravo Mena—, como a todas las acciones que viene realizando su equipo cercano.

 

(Publicado en la revista Indicador Político el 6 de octubre de 2014)

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