Panorama electoral azul

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Luego de lo que ha sucedido en la campaña por la gubernatura en Colima, el PAN está a unos días de conocer el resultado de la votación, siendo esta la primera prueba para este año. Si bien en ocasiones anteriores el Partido ha estado cerca del triunfo –como fue el caso de la anterior elección ordinaria en Colima–, ahora no basta con quedar a pocos votos de ganar unos comicios, en particular por el discurso triunfalista de Ricardo Anaya, quien ha fijado metas ambiciosas para el blanquiazul pero que pueden representar los cimientos de un doloroso escenario para fin de año.


Metas ¿inalcanzables?

Además de la elección en Colima, este año tendrán verificativo 12 comicios para renovar igual número de gubernaturas, así como la elección para diputados locales y presidentes municipales en Baja California. En el discurso del presidente del Partido, Ricardo Anaya, se ha asegurado que el blanquiazul puede ganar los comicios.

El pasado 3 de enero, el propio Anaya Cortés señaló en rueda de prensa que el objetivo de Acción Nacional en 2016 sería “demostrar que es la mejor opción para México”.

No obstante las buenas intenciones, de las 13 gubernaturas en juego en 2016 sólo Puebla es administrada por un mandatario panista, en la persona de Rafael Moreno Valle. Si bien en entidades como Colima, Puebla, Durango, Veracruz, Tamaulipas, Tlaxcala, Chihuahua y Aguascalientes el blanquiazul puede presumir competitividad frente a sus adversarios, no es así en Quintana Roo, Hidalgo, Sinaloa, Oaxaca y Zacatecas, en donde dependen de circunstancias especiales –como contar con un candidato de arrastre y con carisma– para mantenerse cercano a las primeras posiciones.

Otro elemento a considerar es la conformación de alianzas con otros partidos –en especial en esta oportunidad con el PRD–, lo cual si bien ayuda a mejorar las expectativas, también puede provocar divisiones internas, como ha sucedido en Puebla o Veracruz.

Así, las metas establecidas implícitamente en el discurso del dirigente nacional panista apuntan a varias victorias en las elecciones de este año, tras la jornada electoral el balance podría apuntar a retener Puebla y quizá, merced a las alianzas, una o dos victorias en entidades como Oaxaca, Zacatecas, Sinaloa, Durango o Veracruz, lo cual será presumido como algo notable, pero que en realidad no alterará la actual correlación de fuerzas con el priismo, que es el rival a vencer para los militantes azules.

 

¿Y la estrategia electoral?

Esto nos debe llevar a preguntarnos acerca del peso que la estrategia electoral tiene en la actualidad en el Partido. Como nunca antes, este tema ha sido el prioritario para Acción Nacional, a grado tal que no sólo mantiene en su organigrama a la Secretaría de Elecciones, sino que incluyo en fechas recientes a una coordinación de estrategia electoral, además que dicho tema es recurrente tanto en la Comisión Permanente como en la Comisión Política.

De igual manera, buena parte de los discursos de los dirigentes panistas abordan este asunto, buscando fijar la imagen de un partido competitivo y con amplias posibilidades de triunfar, aunque luego los resultados no coincidan con las palabras.

Otros programas, como el de estudios o difusión de su doctrina, han sido reducidos a la vez que lo electoral crece en importancia en los planes azules. Asimismo, llama la atención la cantidad de militantes que ingresan con el objetivo principal de convertirse en candidatos, incluso ocupando puestos en el organigrama del CEN panista, para utilizar la plataforma del Partido para mantener vivas sus aspiraciones. También hay que mencionar la forma en que ciertos personales blanquiazules repiten en las candidaturas, como José Rosas Aispuro, Miguel Ángel Yunes Linares y tantos más que se mantienen pasando de una posición a otra, para hacer realidad sus aspiraciones.

Ante este escenario, no es extraño que el PAN sea visto por buena parte de la ciudadanía como uno más de los institutos políticos que representan más una carga, que una forma de representar a los votantes.

 

Migajas

El pasado domingo se llevó a cabo el debate entre los seis aspirantes al gobierno de Colima. Como se esperaba, se trató de una confrontación entre Jorge Luis Preciado del PAN e Ignacio Peralta del PRI, quienes le pusieron la sal a un encuentro francamente aburrido. En un par de oportunidades, Leoncio Morán, de Movimiento Ciudadano, intervino para criticar al blanquiazul y al tricolor de no haber hecho nada a favor de la entidad, pero olvidando que él fue panista. Martha Zepeda, del PRD, también hizo preguntas a los otros candidatos, pero sin obtener alguna respuesta, siendo lo más llamativo de su participación el regalo de un libro sobre insultos para los candidatos enfrentados.

Adriana Dávila se registró para buscar la candidatura del PAN al gobierno de Tlaxcala, al momento de redactar esta columna no se conocía aún el destino de la alianza que el azul preparaba con el partido amarillo, a pesar de la amenaza de Agustín Basave, líder nacional perredista, de que si no se autorizaba una alianza en Tlaxcala –entre otras entidades–, presentaría su renuncia. Habrá que esperar para conocer el desenlace de este capítulo electoral.

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