Don Luis

Don Luis

El pasado miércoles 18 de mayo falleció Luis Héctor Álvarez Álvarez, mejor conocido en el panismo como Don Luis. Fue una figura que ayudó a cambiar la cara del panismo en la última década del siglo XX, luego de la elección de 1988 y su dudosa conclusión, pero también fue un militante que con el ejemplo alentó a nuevos miembros que lo veían como un líder capaz de definir rumbo pensando en todos.


 

Descanse en paz

La muerte de Luis H. Álvarez ha sido un duro golpe al panismo, que ve como militantes que generan admiración y respeto –no sólo dentro sus filas– se están marchando poco a poco. Don Luis, como era conocido en el PAN, mostró siempre un rostro amable y una disposición para escuchar o intercambiar puntos de vista con cualquiera que lo buscara.

En 1956 fue invitado a participar como candidato en su natal Chihuahua, lo cual le abriría las puertas al panismo, forjando una carrera que lo llevaría a ser candidato a gobernador, a presidente de la república –el segundo en la historia panista en 1958–, presidente municipal en la capital de su estado, diputado federal, senador, funcionario en las dos administraciones federales panistas, así como presidente nacional del Partido.

Pero más allá de su biografía –ampliamente comentada en otros espacios a raíz de su partida–, Don Luis dejó un ejemplo de coherencia al mantenerse siempre en la trinchera azul pese a ser testigo de la forma en que Acción Nacional cambiaba y para mal. Los actuales militantes obvian que Luis H. Álvarez también fue un ser humano, con errores y aciertos, pues se rasgan las vestiduras cuando alguien recuerda decisiones que le fueron cuestionadas en su momento, sin considerar que ellos han hecho poco por mantener al PAN en el camino que Álvarez hubiera querido.

En su presentación como candidato a la jefatura nacional del blanquiazul, en febrero de 1987, apuntó los riesgos que veía en el horizonte: “Acción Nacional, estoy convencido, no puede pensarse a sí mismo como instrumento de presión en manos interesadas en defender privilegios”.

Ese año, ganó la oportunidad de dirigir al panismo logrando reelegirse en el puesto en 1990. Bajo su administración, el partido acepta plenamente las prerrogativas del gobierno para financiar a los partidos políticos, lo cual había generado un debate interno acerca de la conveniencia o no de aceptarlas –uno de los bandos pensaba que ésto equivalía a quedar supeditados al gobierno priísta o abrir la puerta a su intervención–, debate que finalmente fue ganado por quienes se inclinaban por aceptar el financiamiento público.

Asimismo, Don Luis profundiza más la medida que había implementado su antecesor, Abel Vicencio, para contratar a profesionales de diversas disciplinas para mejorar los trabajos del Partido.

Un suceso que marcó la presidencia de Don Luis fue el triunfo, en 1989, de Ernesto Ruffo en Baja California. Por primera vez un gobierno estatal es ganado por un partido diferente al tricolor, lo que abrió las puertas al reconocimiento a más victorias en las urnas, una vieja demanda azul de la cual Álvarez Álvarez había sido protagonista incluso encabezando acciones de resistencia civil y de denuncia en contra de los fraudes electorales, como fue el caso de Chihuahua en 1986.

La elección presidencial de 1988 también fue un episodio que le tocó vivir. Las dudas en torno al resultado generaron la unión con los candidatos opositores Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Ibarra, lo que obliga al gobierno entrante de Carlos Salinas de Gortari a buscar al presidente de Acción Nacional y su equipo –Diego Fernández de Cevallos, Abel Vicencio Tovar, Carlos Castillo Peraza, Bernardo Batiz– como interlocutores para buscar una salida a la crisis política de entonces.

En el mensaje que dirigió al LV Consejo Nacional, el 25 de febrero de 1989, explicó lo que significó la negociación posterior a los comicios presidenciales del año anterior, al referirse a que “no sólo significó una victoria de Acción Nacional en el ámbito de la cultura, también ha sido un triunfo político, acorde con lo que, según el artículo primero de los Estatutos del Partido, es el fin de éste a saber: ‘intervenir orgánicamente en todos los aspectos de la vida pública de México, tener acceso al ejercicio democrático del poder’ y lograr la vigencia de nuestros principios”.

Resaltó en ese momento “el papel de interlocutor del régimen, pese a que nuestra propuesta de diálogo afirma de entrada la ilegitimidad de origen del presidente de la república”, para posteriormente referirse al “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”, documento que fue aceptado por Salinas de Gortari y que abrió las puertas para reconocer los triunfos electorales de la oposición en el país.

Estas decisiones provocaron la salida del llamado Foro Doctrinario y Democrático en 1992. Bernardo Batiz explicaría la salida de los integrantes del Foro al recordar que al renunciar “les echamos en cara a los dirigentes de entonces que el partido iniciaba con ellos una etapa que está hoy culminando, de pragmatismo y simbiosis con el sistema, que adoptaban prácticas contrarias a los principios; les reclamamos su apoyo a la política gubernamental, la injerencia de los empresarios en el partido, imponiendo sus intereses sectoriales, reclamamos el burocratismo que lo invadía y el autoritarismo con que se trataba a los disidentes”.

Pese a esto, el PAN tuvo más victorias electorales en la década de los 90. La visión de Luis H. Álvarez y su equipo –marcadamente Carlos Castillo Peraza– permitieron cambiar el panorama político del país, incluso postulando en alianza candidatos en varias entidades, como fue el caso de Salvador Nava en San Luis Potosí.

Más que lamentar su muerte, o reclamar si alguien comenta tanto lo bueno como lo malo de la carrera política de Don Luis, los actuales panistas harían bien en seguir su ejemplo, pues nadie le regateó su honestidad o coherencia así como tampoco lo involucraron en actos sospechosos, pues su transparencia estaba fuera de toda duda.

Luis_H._Álvarez

 

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