¿Y si no gana el PAN?

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El discurso –desde hace años– de los dirigentes panistas es uno que se distingue por el triunfalismo adelantado. Lejos quedaron las palabras de los fundadores, las evocaciones al humanismo político o las citas de las luchas pasadas, esas que dieron prestigio al panismo. Ahora, todo gira en torno a adelantar un resultado positivo, aunque en la realidad no se consiga.

 

Bola de cristal azul

Como en el PAN todo gira en torno a las elecciones, entonces los discursos tienen que abordar este tema. Lejos quedaron aquellos debates en los que los militantes argumentaban a favor o en contra de participar en los procesos electorales, por consideraciones acerca de lo inequitativo que eran las campañas, el uso de recursos ilícitos, las maniobras para favorecer a los candidatos oficiales y la falta de una ciudadanía que contribuyera a la democratización del país.

Por lo manera en que abrazan la causa electoral en esta época, se pudiera pensar que todo lo que se argumentaba antaño ya se ha resuelto, por lo que los panistas, alegres, se embarcaron en la aventura electoral sabedores que son parte de una fiesta cívica, aunque la realidad apunte en otra dirección.

Pero lo que realmente llama la atención, es que las elecciones en nuestro país están lejos de ser ejemplos de limpieza y participación. Pese a esto, todos los partidos participan y, posteriormente, se quejan de las irregularidades para justificar sus respectivas derrotas.

Y es este punto el que más preocupa a los del blanquiazul. No obtener la victoria es –prácticamente– un pecado, por lo que no se le debe mencionar en los discursos y la propaganda. De hecho, luego de perder la presidencia de la república en 2012, el PAN volvió a las andadas prometiendo un regreso a Los Pinos para 2018, hasta un reloj en cuenta regresiva se colocó en su página de Internet para comprobar la seriedad de sus intenciones.

Luego vinieron las encuestas que ubican al partido en uno de los dos primeros lugares en las intenciones del voto de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, por lo que creció la confianza entre la militancia y los dirigentes para hacer realidad el pronóstico. Los triunfos en las elecciones estatales de 2015 y 2016 ayudaron a inflar el ego azul.

Una pregunta que no se han hecho al interior del partido es qué pasará si no ganan los comicios que tienen por delante. El 2017 puede terminar sin que se incremente el número de gubernaturas de filiación panista, además de que la presidencia de la república puede quedar en manos de un partido distinto, sea el PRI o Morena, lo cual en un entorno de reacomodos políticos podría representar el más grande desafío que tendrá que afrontar el PAN en su historia.

Porque –pese a los discursos y los recursos invertidos–, no obtener la victoria en 2017 y/o 2018 representaría la mejor prueba de que el partido enfrenta la perdida, no sólo de militantes, sino de ciudadanos que simpaticen con sus siglas.

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Lo que sucede en estos momentos con el PRD, debería ser también una llamada de atención al panismo acerca del reacomodo que se está dando en el sistema de partidos, con un PRI a la baja de forma acelerada, el fortalecimiento de Morena y la posible desaparición de partidos minoritarios que viven gracias a las alianzas que llevan a cabo con las fuerzas políticas mayoritarias.

Además, el voto duro se está reduciendo y el elector es cada vez más exigente, a la vez que surgen iniciativas que cuestionan a los partidos tradicionales, además del crecimiento de las candidaturas independientes.

Pero a todo esto, el panismo sólo responde con discursos en los que se asegura que van a ganar, con propuestas cada vez más limitadas y con una militancia que no avanza en modernizar su línea de pensamiento, pues siguen atados a ideas del siglo pasado. Por cierto, éstas no lograron atraer a una cantidad importante de simpatizantes –como es el caso de la defensa de la vida–, pues las victorias en 2000 o en 2006 fueron gracias a postulados lejanos del ideario tradicional del panismo.

Así que sería mucho mejor para el panismo pensar como completar sus discursos, y evaluar que hacer en caso de que las derrotas se presenten, porque de promesas no se hacen las campañas.

 

Migajas

Salvador García Soto, en su columna de El Universal, adelanta la guerra que vienen al interior del panismo por la candidatura presidencial, un tema que podría tomar fuera de lugar a los militantes y ser motivo de derrota.

El revuelo que causó la toma de protesta como candidata a la gubernatura del Estado de México de Josefina Vázquez Mota, seguirá dando de qué hablar, tanto por la presencia de Felipe Calderón como por las imágenes y la interpretación de las mismas. En resumen, se podría decir que mal inicia la campaña en tierras mexiquenses, como relata en su espacio de 24 Horas Martha Anaya.

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