Dos gubernaturas y un desafío mayor para el PAN

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A un mes de que se lleven a cabo las votaciones para renovar las gubernaturas de tres entidades del país, Acción Nacional se haya con la sorpresa de que podría ganar en dos de ellas, lo que mejoraría sus posibilidades rumbo al 2018, además de que sería un dato histórico pues nunca en su vida como partido, el PAN ha tenido tantos gobiernos estatales en sus manos. Esta posibilidad, también impactaría en la carrera por la candidatura presidencial del año entrante.

Más gobiernos

El simple dato lo dice todo, si en la actualidad Acción Nacional gobierna en 9 estados del país, siendo en 2 más parte de la coalición ganadora, luego de la jornada electoral del próximo 4 de junio podría contar con 13 gobiernos estatales, igualando en este rubro al PRI, partido que nunca en su historia había contado con tan pocas administraciones estatales. Pasar de gobernar todo el país vía ejecutivos estatales, como era hasta antes de 1989, a hacerlo en menos de la mitad de las entidades de la república, como sucedió en 2016, debe ser traumático para el tricolor.

            Pero para el PAN podría representar el mayor desafío en su vida como instituto político. La posibilidad de que obtenga el triunfo en Coahuila y Nayarit, da pie para que analicemos lo que implica que se haga realidad este escenario en junio entrante.

            En primer término, los gobernadores azules se pueden convertir en un grupo de presión al interior del Partido, influyendo en algunas de las decisiones más importantes que se deban dar en Acción Nacional, como puede ser la elección del presidente nacional del blanquiazul o la del candidato presidencial en 2018.

            Ya se ha comentado a este respecto, las declaraciones de Francisco Domínguez Servién, gobernador de Querétaro, en el sentido de que los mandatarios estatales del PAN podrían ser quienes decidan quién será el abanderado azul en los comicios del año entrante.

            En segundo término, esta circunstancia le abrirá al PAN un frente de batalla que ha sido difícil de procesar para sus dirigentes. Las críticas por lo que hagan o dejen de hacer sus gobernadores será un factor en contra y permanente para la marca del partido en elecciones, en un ámbito en el que las lecciones de Nuevo León, San Luis Potosí o Yucatán, en donde sólo duraron un sexenio, o Morelos y Jalisco, en donde el desgaste los llevó a perder la elección luego de varios gobiernos sucesivos, no parecen haber sido aprendidas.

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            Ahora mismo, se vive un panorama que ejemplifica lo descrito en el párrafo anterior en Baja California, en donde los negativos del mandatario, el ya no tan popular Kiko Vega, parecen ensombrecer las posibilidades de mantener la que fuera la primera gubernatura ganada en la historia del PAN.

            Y en tercero, este bloque de mandatarios podría ser parte de la batalla por la candidatura presidencial, si se divide en apoyo de los tres aspirantes que buscan alcanzar dicho objetivo, lo que agregaría un elemento adicional de tensión a una batalla que subirá de intensidad conforme se acerque el momento de arrancar el proceso interno de elección del abanderado.

            Así, las posibilidades de ganar en Coahuila y Nayarit –en el Estado de México muchos militantes dan por descontada la derrota–, pondría en primer plano el número de gobernadores emanados de las filas del blanquiazul.

            En Nayarit, las encuestas muestran una ventaja de Antonio Echevarría, lo que se ve reforzado por las divisiones que ha tenido el PRI y por el escándalo debido a la detención del exfiscal, Edgar Veytia.

            En Coahuila, la candidatura de Guillermo Anaya se mantiene en una ruta ascendente, teniendo también a un PRI dividido y con deserciones, además de una oposición de izquierda que no pinta en los sondeos. Si el PAN de la entidad no comete errores, podría alcanzar la victoria en junio.

            Esto alteraría el balance interno en el Partido, pues se reforzaría el bloque de gobernadores, quiénes, aunque no tienen un líder visible sí podrían comenzar a buscar la manera de hacerse oír e influir en la vida interna de Acción Nacional.

            Cuestión de recordar que, en algunos estados azules, el presidente estatal del PAN es un empleado más del gobernador, y la estructura que controla al partido está también al servicio del mandatario en turno, quien define –a la usanza priísta– el proceso de sucesión –o al menos trata de hacerlo– para renovar la gubernatura. Sólo hay que ver lo que sucede en Guanajuato para apreciar lo que aquí se dice. Ahora imaginen el escenario con 13 gobernadores panistas que pudieran tener más peso que el propio dirigente nacional del Partido.

            Sin duda, todo un desafío para el PAN.

Migajas

Los esfuerzos de Rafael Moreno Valle para promover sus aspiraciones rumbo al 2018, parecen encaminadas a generar más problemas. Arturo Rueda en su columna de Diario Cambio, observa que el CEN y la plana mayor panista le hicieron el vacío en la presentación de su libro.

            José Ureña, en 24 Horas, da a conocer una posible alianza entre Gustavo Madero y Margarita Zavala. Ricardo Anaya sigue cosechando enemigos en su camino.

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