Los grupos azules que pelean el 2018

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Al interior del PAN se desarrolla una pelea entre varios grupos que buscan quedarse con la joya de la corona, la candidatura presidencial del 2018, pero también con las demás nominaciones –o al menos con una buena parte de las mismas–, con el fin de acomodar a sus integrantes. En esta lucha, también se busca el control de las dirigencias partidistas. Es una batalla que no se ve, pero que se da de forma cotidiana por parte de los distintos grupos que integran al blanquiazul.

Todos contra todos

La “onda grupera”, es decir la manera en que se han conformado al interior del partido una serie de grupos en torno a ciertos liderazgos, es una realidad en Acción Nacional que, incluso, ha merecido pronunciamientos y análisis en distintas instancias partidistas.

            Este fenómeno se ha hecho más notorio desde que se ganó la presidencia de la república en el año 2000, pues las posibilidades de que se obtuvieran victorias se hicieron más fuerte, por lo que habría que controlar las candidaturas y la estructura del partido para beneficio de los grupos que buscaban utilizar al partido de plataforma para satisfacer sus aspiraciones políticas.

            Entre las consecuencias que esto ha generado en un instituto político que hasta antes de llegar al poder se preciaba de su ética, tenemos la manipulación del padrón de militantes, la aparición de vetos en contra de adversarios internos, la colocación de personas ajenas a la labor del puesto que ocupan –en contra del discurso de profesionalización de los cuadros directivos del partido–, el enfrentamiento entre estas expresiones para obtener o mantener el control de las dirigencias y las negociaciones para sacar candidatos de unidad –palabra, esta última, que los panistas referían con desprecio hacia los priístas pero que hoy en día ya han adoptado–, así como la preocupación entre militantes de viejo cuño quienes miran desanimados la forma en que se ha transformado el partido fundado en 1939.

            Los grupos panistas no son estables ni leales, se pueden reconfigurar en torno a un nuevo liderazgo –si así les conviene a sus integrantes–, o cambiar de opinión luego de alguna negociación. Hay panistas que brincan de grupo en grupo o que tratan de mantener una buena relación con varios para poder colarse a alguna candidatura o posición en la estructura del partido.

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            Quizá el aspecto más dañino para el PAN, es lo que sucede cuando los grupos se enfrentan para obtener una candidatura. En varias ocasiones se ha reseñado la manera en que se filtra información para dañar a los opositores internos, o se llega a los insultos en órganos internos como la Comisión Permanente o el Consejo Nacional. Apenas el sábado 29 de abril, se tuvo un ejemplo de esto con la discusión entre Felipe Calderón y Juan José Rodríguez Prats. A este último, incluso, se le vio modificando la manera en que se había expresado del expresidente de la república, muy posiblemente por una observación que le hicieron sobre el efecto de sus declaraciones en el complicado entramado interno azul.

            La posibilidad de que el panismo regrese a Los Pinos en 2018, ha provocado que –de nueva cuenta– los grupos internos afinen sus estrategias para buscar quedarse con la candidatura presidencial o, al menos, vender su apoyo a cambio de algunas –o todas si se puede– candidaturas plurinominales.

            Reunidos en torno a los aspirantes que se mantienen en las encuestas –Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle y Ricardo Anaya–, los tres grupos buscan llegar a la meta en primer lugar, sin importar la manera en que ganen a sus rivales internos. Las amenazas de Felipe Calderón se inscriben en este tipo de tácticas, al igual que la manera en que se evade la discusión de temas que realmente ayudarían al partido a cumplir su función, como es una verdadera depuración del padrón o volver a eso que soñaron los fundadores de que el PAN fuera una escuela de ciudadanía.

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            Pero ese tipo de valores fueron de las primeras bajas al momento de que la “onda grupera” se apropió de las entrañas del PAN. Ahora, temas como las elecciones son los que ocupan un lugar prioritario, en una fuerza política que brinda buenos salarios a sus dirigentes, que está lleno de “operadores políticos” que no saben explicar sus funciones pero que presumen altos salarios sin acudir diariamente a la oficina, además de la marginación cotidiana de ciudadanos que quieren participar en política, pero que ven cerrada la puerta azul por no pertenecer a un grupo.

            La cantidad de renuncias que se han dado en el partido en los últimos años, o de panistas que no han acudido a refrendar su militancia, es sólo uno de los efectos que este fenómeno ha tenido al interior del partido, lo cual tiene contentos a los grupos, pues así enfrentan menos competencia.

Migajas

El columnista guanajuatense Arnoldo Cuéllar, relata en su columna la manera en que se está manejando el tema de la sucesión en la gubernatura, lo cual ejemplifica muy bien lo comentado en este espacio.

            Para Rafael Moreno Valle, la publicación de un libro no le ha resultado una buena estrategia, al menos para quienes revisaron la obra como el columnista poblano Arturo Rueda.

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